viernes, 13 de octubre de 2017

18. Conflicto en el aula

¡Buenos y soleados días! Las temperaturas suben ligeramente, llegando a unos 28ºC de máxima. Esta subida se va a notar durante el día de hoy y los próximos días también en las temperaturas mínimas, que suben una media de 3-4ºC.

Bien, la entrada de hoy la voy a dedicar a exponer un caso hipotético de conflicto en el aula:

Un niño de 6 años se cambia con sus padres de domicilio a la otra punta del barrio, y como consecuencia, estos deciden cambiarle de colegio porque el nuevo centro está a cinco minutos andando, en vez de a quince. El niño tiene sus amigos que ha ido haciendo a lo largo de la Educación Infantil en el primer colegio, y ahora pasa a Educación Primaria en el otro. Llega a un centro nuevo, con niños nuevos, profesores nuevos, un ambiente nuevo, donde no conoce a nadie y además es hipermuy activo. El mayor problema con el que este chico se encuentra es que todos los amigos que tenía en el otro colegio los pierde. Los niños del nuevo colegio son amigos entre ellos desde pre-escolar, y este niño tiene dificultades para establecer relaciones sociales con otros niños, pero tiene cierta facilidad desde tan pequeño para entablar conversación con los adultos. Este chico hipotético soy yo y ésta es mi historia.

Los profesores que tuve, los maestros del Colegio Público Ignacio Martín Baró, eran más bien mayores, como suele ocurrir con los profesores en las ciudades, ya que consiguen esas plazas cuando tienen los puntos suficientes como para acceder a ellas. No eran profesores precisamente conciliadores, se preocupaban más por ellos que por sus alumnos. Y desde luego, no les importaba si un alumno estaba solo, apartado, era el débil y sus compañeros le ignoraban. Sinceramente, en su momento no me daba cuenta. Pero pensándolo seriamente hoy, dudo mucho que esto no fuera notado entre los profesores. Así que la conclusión a la que llego es que mis profesores lo notaron y sin embargo no hicieron nada por remediarlo.

Es cierto que eran otros tiempos, era alrededor del cambio de siglo y de milenio, y los términos bullying, acoso escolar, mediación, no se habían puesto todavía de moda y nadie hablaba de ellos. O por lo menos, yo no lo oía. Lo peor fueron los primeros dos años de Educación Primaria. A partir de tercero llegó otro chico a mi clase, quien también estaba solo y entablé muy buena relación con él, aunque luego la perdiera por el cambio al instituto. Aún así, en el instituto fue más fácil porque ya había más conciencia de grupo en la clase y me hice un mejor amigo (o tres, según se mire), que hoy en día aún conservo y siguen siendo mis mejores amigos. Así que no os preocupéis, la historia acabó bien. Hoy en día, me encanta conocer gente nueva y ponerme en su lugar. Por ejemplo, ayudar a los Erasmus que llegan a nuestra universidad porque yo estuve en su lugar en Alemania y sé lo que se siente. No digo que mis profesores en primaria fueran malos profesores. Pero desde luego que carecían de la empatía que un profesor decente considero que debe tener. Especialmente María, aquella profesora de religión que iba, irónicamente, a Dios rogando y con el mazo dando.

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